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sábado, 19 de junio de 2010

Nampula, 01 de Junio del 2010

El sábado me hice una herida en el dedo corazón de la mano derecha. Fui a dar de comer al perro (un labrador) del vecino sin tener en cuenta que, posiblemente, el animal no sabía distinguir la diferencia entre el hueso de pollo y la mano. Por un momento, llegué a pensar que me había roto los dedos. Lavé la herida y le puse spray yodado que tenía Tatiana (mi compañera de casa).
Al día siguiente, llamé al decano (es cirujano) en cuanto observé el primer signo de infección. Gracias a su recomendación, mi dedo está cicatrizando milagrosamente rápido:
Hervir durante 15 min. ½ litro de agua con una gran cucharada de sal; dejar que se enfríe y, mientras tanto, lavar enérgicamente la herida con abundante jabón; colocar durante 15 min. un apósito empapado en el agua salada sobre la zona a cicatrizar; después de dejar secar la herida durante otros 15 min., retirar el agua que reste en la herida y aplicar una gota de ‘betadine’.
El perro que me mordió es vacunado contra la rabia todos los años. Está siempre limpio y no sale fuera del jardín de la casa. Por eso no tengo reparo en acercarme a él.
Aquí no me acerco a los perros en la calle. Intento pasar lejos de ellos. La probabilidad de que el animal tenga la rabia es demasiado alta. Esta mañana, comentando lo de mi accidente en la universidad, una de las que estaban escuchando había perdido un hermano porque un perro con rabia le mordió. Afortunadamente, apenas hay perros callejeros (tampoco se puede decir que haya mucha gente con mascotas)
Por suerte para el perro del vecino, yo también tengo todas las vacunas puestas… no creo que le dé fiebre.

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